Mostrando entradas con la etiqueta Rumanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rumanía. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2014

Alineamiento antimarxista; Reflexiones sobre China; Enver Hoxha; 27 de julio de 1971

Hoy queríamos resaltar otro de los puntos interesantes del revisionismo; las alianzas pragmáticas típicas de la política exterior burguesa, y el entendimiento con otras ramas del revisionismo moderno.

Analizando en pleno 1971 la deriva claudicadora del revisionismo chino, Enver Hoxha señalaba que pese a las peroratas de Pekín sobre; «no somos un gran Estado», «nosotros no nos convertiremos en una superpotencia», lo cierto era que China intentaba por todos los medios que los partidos a los que de una u otra forma influenciaba aceptaran su política exterior la cual sin duda iba por ese camino que negaba. El caso más famoso fue la negación del Partido del Trabajo de Albania a aceptar la «teoría de los tres mundos»; teoría por la cual China se puso de lado de la superpotencia de los Estados Unidos para «contrarrestar» a la otra superpotencia de entonces; la Unión Soviética revisionista. En este proceso ya de por sí antimarxista, China llego a apoyar la creación de la actual Unión Europea –antes llamada Comunidad Económica Europea– como «bastión contra la Unión Soviética», y en igual intención, estableció lazos más fuertes con los partidos revisionistas o gobiernos antisoviéticos que mantenían divergencias con los soviéticos; ya fuera estos representantes: Ceaușescu en Rumanía, Carrillo en el Partido Comunista de España, Tito en Yugoslavia, Marcos en Filipinas, Suharto en Indonesia, o el Sha en Persia. He por ello que el albanés estaba en lo justo cuando afirmaba que: «su «antirevisionismo» hacia los jruschovistas no ese basa en la ideología marxista-leninista», sino en una alianza de cara con todo lo antisoviético a cualquier precio.

En dicho camino, era normal que los chinos se fijaran en la política desarrollada por el revisionismo yugoslavo, ya que la «teoría de los tres mundos» era de similar corte a la «teoría de los mundos alineados», de ahí era normal que salieran a flote los piropos de la parte china a la parte yugoslava:

«El Presidente Mao Zedong dio la mano al Presidente Džemal Bijedić, a su mujer y otros distinguidos invitados yugoslavos se conocieron en una cálida bienvenida por su visita a China. El Presidente Mao Zedong luego tuvo una amigable conversación en un ambiente cordial. (...) Remmin Ribao les recibió con una bienvenido similar: «Existe una profunda amistad entre los pueblos de China y Yugoslavia. Los dos países de apoyaron en la guerra antifascista y se comprometieron después en la lucha contra el imperialismo y hegemonismo presente. La corriente visita del Presidente Džemal Bijedić servirá de ayuda para reforzar la amistad y unidad entre China y Yugoslavia, así como sus pueblos. Las amistosas relaciones y la cooperación entre los dos países será desarrollada aún más. (...) Después de la liberación, Yugoslavia y su pueblo hicieron un esfuerzo significativo en construir su economía y su defensa nacional. La industria y la agricultura se ha desarrollado regularmente y ha hecho que este país sea autosuficiente en cuanto a grano. En cuanto a las relaciones exteriores, los yugoslavos persiguen una política de no alineamiento, reforzando la unidad y cooperación con los países del tercer mundo y dando energías y apoyo en la lucha de diversos pueblos en sus movimientos de liberación nacional: esto firmemente ha sostenido todos los países grande o pequeños sean iguales internacionalmente en sus relaciones exteriores, que deben estar basadas en los principios de igualdad, independencia, respeto, y soberanía territorial íntegra: y en oposición al imperialismo y sus ansias de poderes hegemónicos. Esta política exterior de los yugoslavos juega un rol positivo en la causa de la unidad contra el hegemonismo, en la causa mantenida por los pueblos del mundo». (Pekín Informa; Vol 18, No. 41, 10 de octubre de 1975) 

De igual modo, el soporte a Nicolae Ceaușescu y al revisionismo rumano era algo habitual. El Comité Central del Partido Comunista de China, solía recitar las siguientes alabanzas:

«Desde el XIº Congreso del Partido Comunista Rumano de 1974, el pueblo rumano dirigido por el Partido Comunista Rumano encabezado por el camarada Ceaușescu, ha logrado nuevos e importantes éxitos en la causa de la construcción socialista sosteniendo la independencia y autodecisión y trabajando duro. El Partido Comunista Rumano ha conducido al pueblo rumano a librar una persistente y heroica lucha en defensa de la independencia nacional y la soberanía estatal. El Partido Comunista Rumano ha hecho positivas contribuciones a la causa revolucionaria de los pueblos del mundo luchando contra el imperialismo y el hegemonismo, combatiendo el colonialismo y neocolonialismo y apoyando la justa lucha de las naciones y pueblos oprimidos. El XIº Congreso del Partido Comunista Rumano de 1974 se celebra en una excelente situación internacional. Estamos convencidos que el congreso seguramente estará insipirado en el pueblo rumano y en la marcha adelante por conseguir nuevas victorias en la causa de la construcción socialista. Los dos partidos y pueblos chino y rumano siempre se han apoyado y alentado el uno al otro en la lucha contra el imperialismo y la causa de al construcción socialista. Nuestra amistad está basada en el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario». (Pekín Informa, Vol. 17, No. 48, 29 de noviembre de 1974)

Es curioso los halagos de China a la política interior y exterior de dos países que se caracterizaron por su teorizaciones y prácticas revisionistas en el plano interior. En el plano exterior de estos dos países podíamos encontrar una sumisión a los Estados Unidos y a toda su política exterior; inclusive un apoyo explícito de guerrillas, partidos y gobiernos anticomunistas pro estadounidenses por todo el globo. Y pese a las teorizaciones antisoviéticas, también una participación en las estructuras económico-militares estratégicas de la Unión Soviética –el caso rumano y su estancia en el pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Económica Mutua–, y sobre todo un endeudamiento salido del bolsillo del capital del Fondo Monetario Internacional y similares instituciones capitalistas que producirían la autodestrucción de estos dos regímenes –entre otros factores–. Sin duda, China tenía mucho de que beneficiarse de la relación con estos dos revisionismos a la hora de moverse entre las aguas del oportunismo, más concretamente a la hora de acercarse a los Estados Unidos y sus aliados, los cuales proveían a Rumanía y Yugoslavia de un apoyo total. 

El documento:

De izquierda a derecha: Elena Ceauşescu, Lin Biao, Nicolae Ceauşescu y Mao Zedong durante la visita del dirigente rumano a la República Popular China de junio de 1971. Fuente: Fototeca online a comunismului românesc. Cota: 73/1971

Alineamiento antimarxista

«Las actitudes de los chinos contra los revisionistas soviéticos traducen, en el fondo, acentuados puntos de vista chovinistas de gran Estado, a pesar de que los chinos se esfuerzan por ocultarlo cuidadosamente. De continuo remarcan que «no somos un gran Estado», «no nos convertiremos en una superpotencia», «combatimos entre los cuadros y el pueblo el sentimiento de gran Estado», pero la realidad no siempre confirma esto y, cuando se trata de tomar posiciones a propósito de las cuales conviene recoger por lo menos la opinión de los otros «más pequeños», porque esta opinión es indispensable, se abstienen de hacer esto y se enojan cuando se les hace observar dicha «negligencia». Los camaradas chinos piensan que los demás deben aprobar todo lo que ellos dicen o hacen, piensan que cualquiera de sus palabras y acciones debe ser considerada como un tesoro para el marxismo-leninismo y ser aplicada en todas partes. En este sentido es típica la cuestión de la Revolución Cultural que se desarrolla hoy en China, y que ellos consideran, sin la más mínima modestia, como una vía obligatoria para todos, sin preguntarse si esto será aprobado o no por el movimiento comunista mundial.

En la práctica, los camaradas chinos sienten desprecio por los nuevos partidos marxista-leninistas apenas creados. No respaldan ni ayudan a estos partidos, pero mantienen lazos con toda suerte de grupos, y sobre todo con los que alaban a Mao Zedonng y la Revolución Cultural, independientemente de las tendencias de estos grupos.

Su «antirrevisionismo» respecto a los jruschovistas no se basa, pues, en la ideología marxista-leninista. No combaten al revisionismo soviético desde posiciones de principio. Por el contrario, para los chinos todos los antisoviéticos son buenos, se alinean con ellos, independientemente de quiénes sean estos antisoviéticos: sea titoistas-revisionistas, traidores al marxismo-leninismo, agentes de los estadounidenses; sean revisionistas rumanos, ligados a los estadounidenses y a la reacción europea, o sean burgueses reaccionarios. Basta con ser antisoviético para tener la simpatía de los chinos.
Esta actitud antimarxista ha metido actualmente a China en un callejón sin salida, en un camino que, en caso de no abandonar, la conducirá derecho a la traición. El imperialismo y el revisionismo moderno conocen estos puntos de vista antimarxistas de China en la política que sigue contra la Unión Soviética y tanto el uno como el otro hacen esfuerzos por aprovecharlos al máximo.

Entre los revisionistas soviéticos, por una parte, y los revisionistas yugoslavos y rumanos, por la otra, existen contradicciones coyunturales, por lo demás naturales, pero, unos y otros trabajan de concierto para minar el socialismo en China. Estos tres complotadores revisionistas fraguan hábilmente, el uno contra el otro, intrigas, amenazas, presiones, tensiones, etc., para dar la impresión a China, cegada por su antisovietismo, de que entre Yugoslavia y Rumanía, por un lado, y la Unión Soviética, por el otro, se libra una lucha a muerte y que China «debe defender a los más débiles, porque así defiende a los pueblos».

China se alinea con Yugoslavia y Rumanía, sin fijarse en quiénes son, para atizar las contradicciones que tienen con la Unión Soviética. Y a buen seguro, estas contradicciones son atizadas por la propia Rumanía y la misma Yugoslavia, incluso más de lo debido, para que China caiga en la trampa. De hecho nada separa a China y Rumanía. Están plenamente de acuerdo entre ellas en lo político y lo ideológico, y han declarado que sus partidos son hermanos. Dicho de otra manera, para China, el Partido revisionista rumano y el grupo revisionista de Ceausescu son marxista-leninistas. Esta cuestión ha tocado fondo. El apoyo de China a Rumanía en sus diligencias políticas, su ayuda económica y militar, están asegurados.